La fachada de un edificio en Oviedo tiene que soportar condiciones meteorológicas exigentes durante los doce meses del año. A diferencia de otras regiones españolas, aquí no hay un período seco prolongado que permita que la fachada recupere su estado óptimo: la lluvia, la humedad y el frío son constantes entre octubre y mayo. Esto tiene un impacto directo en la vida útil de la pintura y en los productos y técnicas que deben usarse.
Una fachada bien pintada en Oviedo cumple tres funciones: estética (renueva la imagen del edificio), protectora (evita la entrada de agua que daña la estructura y genera humedades interiores) y preventiva (evita el deterioro del revoco y del mortero que acaba generando obras más costosas). Descuidar la fachada tiene un coste que crece exponencialmente con el tiempo: lo que hoy cuesta 3.000 euros puede costar 20.000 si el deterioro avanza hasta afectar al forjado o la estructura.
La gran mayoría de los problemas de fachada que vemos en Oviedo tienen su origen en un mantenimiento tardío: fachadas que llevan 15 o 20 años sin pintar, donde el revoco está suelto, las fisuras se han convertido en grietas y el moho ha penetrado en profundidad. Intervenir cuando la fachada muestra los primeros síntomas (pintura desgastada, algas superficiales, fisuras finas) es siempre mucho más económico que esperar a una rehabilitación integral.
¿Cuándo hay que pintar la fachada?
La señal más clara es cuando la pintura empieza a descascararse, a perder color o a mostrar zonas donde el agua deja marcas. Las algas superficiales (manchas verdes) indican que la pintura ya no tiene capacidad biocida. Las fisuras finas son el aviso de que el movimiento natural del edificio está superando la elasticidad de la pintura vieja. No esperes a que el revoco esté suelto.